¿Por qué tenemos utopías?

En 1ro. de febrero de 1934 se siente un aire de cambio. Los marines han salido del país el año previo, Sacasa prepara las condiciones para un armisticio desde Managua, Sandino entregará las armas, y Somoza continua como director de la Guardia Nacional. Las élites ven este momento como la posibilidad de iniciar una etapa de paz, luego de dos décadas de conflicto.

En este contexto se encuentran tres visiones o utopías sobre como conducir el país.

La primera visión es la representada por Somoza. Tiene el poder militar, cuenta con aliados entre liberales y conservadores, y tiene el apoyo político militar de los Estados Unidos. Esta visión apostaba por una modernización del país al estilo americano.

La segunda visión viene de las élites tradicionales. Ellos deseaban una mano que gobernará con fuerza, hasta de manera anti – democrática, pero con una visión cristiana, agraria, hispánica y católica. Esta visión se puede personalizar en las posiciones de la Vanguardia Literaria de Granada.

La tercera visión o manera de proponer el futuro de Nicaragua era la representada por Sandino, apegada al campesinado, al indígena, nacionalista y latinoamericana.

El asesinato de Sandino por Somoza terminó de definir bajo que visión seguiría el país por los próximos 80 años, y sus efectos se sienten hoy en día.

Bajo la visión de Somoza se propuso una utopía de orden (“su orden”), integración económica y modernización a la americana. La Vanguardia de Granada tolero ese nuevo régimen porque coincidía, en parte, con la visión que ellos proponían.

Cada miembro del clan Somoza que llego al poder actualizaba esta visión y utopía basada en el orden y estabilidad.

La revolución sandinista propuso una utopía de revolución y “hombre nuevo”, y de 1990 hasta 2006 vivimos bajo una visión y utopía neoliberal, eficiente y tecnócrata, “sin ideología”.

Estas tres visiones o futuros prometidos (el orden somozista, el nuevo hombre revolucionario, la eficiencia neoliberal) encontraron movimientos y producción cultural que en paralelo reproducían los argumentos a favor o en contra de esas utopías. Somoza llego al poder por la fuerza, pero ya existía un entorno cultural que pedía una mano fuerte en el poder.

Aunque el triunfo de la revolución sandinista no sucede hasta 1979, ya existía un momento cultural, un zeitgeist, que le servía de base; empezando por el mito de Sandino,  los poemas de Rugama, la comunidad de Solentiname o los ensayos de Ricardo Morales Aviles. El desencanto cultural de los 90s puede servir de contexto a la llegada del caudillo electoral en 1996.

En Nicaragua la “batalla de las ideas” pasa por la cultura y la utopía: de la Vanguardia al Exteriorismo, de los noticieros cinematográficos a los artículos de Luis Somoza en Novedades, del Testimonio a la Alfabetización, de los Talleres de Poesía a INCINE, de los murales borrados por Arnoldo Alemán a las organizaciones de escritores en los 90s y 2000s, de la literatura comprometida al sarcasmo y la ironía.

Las revoluciones se ganan en las calles, pero las batallas empiezan en nuestras mentes con la pregunta “¿qué futuro queremos?”

book-nicaragua

 

Esta evolución es explorada en “Nicaragua and the politics of utopia – Development and culture in the modern state”, por Daniel Chávez, 2015, Vanderbily University Press.

 

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