Nicaragua, un modelo de desarrollo “minero”, #guestblog

Un modelo ¨minero¨ de desarrollo puede caracterizarse como uno sustentado en máxima explotación posible de aquellos recursos que, en un momento dado, pueden generar, al menos de manea temporal, importantes rentas a corto plazo a quienes los explotan, sin consideración alguna acerca de la sostenibilidad o destino futuro de los mismos.En Nicaragua, este modelo de carácter ¨minero¨ tuvo su origen en el periodo inmediato posterior a la conquista española.

Cuando los conquistadores cobraron conciencia de que en el país no existían los metales preciosos en la abundancia esperada, de manera simultánea apreciaron que el único recurso del cual podían extraer importantes rentas a corto plazo era la abundante población indígena.

En ausencia de actividades económicas lucrativas que desarrollar utilizando la mano de obra nativa, la alternativa más redituable a corto plazo consistió en exportar en masa a la población indígena hacia Panamá y Perú, bajo la condición de esclavos.

Esto significa que las comunidades humanas que habitaban el país al momento de la conquista, se constituyeron en el primer recurso explotado de un modo minero, lo cual condujo a su casi total exterminio.

Las estimaciones acerca del número de personas esclavizadas y exportadas de esta manera varían entre 200 y 400 mil, del total estimado de 600-800 mil que habitaban el país a la conquista.

A la par del impacto de las plagas infecciosas traídas por los conquistadores, para las cuales la población indígena no tenía defensas, y cuyas tasas de mortalidad eran por tanto extremadamente altas, este comercio de esclavos contribuyó a la catástrofe demográfica asociada a la conquista.

Como resultado, en el lapso de unas pocas, décadas, la población indígena se había reducido en alrededor del 92% en relación a su número original.

La otra forma de explotación minera de los recursos del territorio que hoy es Nicaragua, en esa época, lo constituyó la extracción masiva de madera y resinas de los bosques para la construcción de navíos en El Realejo.

En la actualidad, el avance de la frontera agropecuaria hacia suelos con escasa aptitud para la agricultura se basa en la explotación minera de la fertilidad de unos suelos que, tras ser ¨limpiados¨ de cobertura forestal, rápidamente se agota y demanda una nueva ronda de deforestación y aprovechamiento transitorio de una fertilidad pasajera.

Los suelos así ganados al bosque luego se empastan y contribuyen a la expansión de la ganadería extensiva, otra forma de explotación minera del recurso suelo que no requiere llevar a cabo las inversiones indispensables para el desarrollo de una ganadería más intensiva y moderna.

El resultado ha sido que, en la actualidad, más del 60% de la actividad agropecuaria se lleva a cabo en suelos cuyo uso potencial es forestal o agroforestal. Esto ha generado una masiva incongruencia entre el uso potencial de la tierra y su uso actual, que se ha traducido en elevados porcentajes de sobre-utilización de suelos de vocación forestal o agroforestal que están siendo dedicados a la explotación agropecuaria de muy baja productividad.

Se han generado así avanzados procesos de deforestación, pérdida de fertilidad, de la capacidad para el almacenamiento de agua y del espacio para el desarrollo de raíces, y procesos de erosión del suelo desde un grado leve a severo en la mayor parte de la superficie de estas áreas. La erosión ha alcanzado niveles alarmantes.

Las concesiones indiscriminadas, para el desarrollo de la minería propiamente dicha, representan la forma más pura del concepto de explotación minera.

El oro, un recurso no renovable, se extrae al máximo ritmo posible para apropiarse de las rentas derivadas del monopolio sobre una fracción de la tierra con depósitos de un recurso escaso. En el proceso, se destruyen montañas, biodiversidad, y se utilizan químicos contaminantes.

El país recibe un 3% del valor de la onza de oro y algunas comunidades sobreviven de la minería mientras dura el auge.

Cuando este se termina, quedan los túneles vacíos y anegados, montañas destrozadas, lagunas toxicas, aguas contaminadas, y pueblos fantasma.

La explotación forestal que avanza sobre los bosques naturales, buscando extraer el máximo de madera y de redituabilidad a corto plazo, está desempeñando también un rol de importancia en la desaparición de los bosques.

Finalmente, otro recurso cuya explotación intensiva ofrece posibilidades de extracción de una rentabilidad elevada a corto plazo, es una fuerza de trabajo abundante, muy barata y de bajísima calificación.

Establecer en Nicaragua segmentos de cadenas productivas internacionales que requieran mayor uso de fuerza de trabajo y se concentren en el ensamblaje de piezas importadas, aprovechando esta ¨ventaja competitiva¨ del país, permite apropiarse de ganancias extraordinarias (rentas) libres de impuestos.

Por supuesto, sostener en el tiempo esta ¨ventaja¨ implica que la fuerza de trabajo se mantenga poco calificada y muy barata, y atraiga a aquella inversión de menor complejidad tecnológica que busca la explotación minera de esta ¨ventaja¨.

Es importante cuestionarse sobre el tipo de Estado que requiere un modelo como este. Comencemos por establecer que el proceso de desarrollo está asociado a la constitución de instituciones públicas de carácter nacional, altamente eficaces en el cumplimiento de su papel de provisión de bienes y servicios públicos y de fomento del desarrollo.

La construcción de una administración pública profesional y eficiente, que se pueda mantener relativamente aislada de las presiones de los grupos de poder económicos y políticos, y esté concentrada en el cumplimiento de sus responsabilidades, es una de las tareas más importantes, y difíciles, en el camino a desarrollar las capacidades que habiliten al país para emprender las tareas del desarrollo.

Al mismo tiempo, la construcción de un entorno que haga posible el desarrollo requiere del paso de la discrecionalidad y el uso arbitrario y personalizado del poder, a una interacción social cada vez más regulada por leyes, normas y políticas que se implementen de la manera más imparcial e impersonal posible, es decir, con ausencia de discriminación y castigo para unos, y privilegios y ¨premios¨ para otros.

Por el contrario, este tipo de modelo extractivista o ¨minero¨ no requiere un estado profesional y moderno, sino de un aparato de fuerza que asegure el poder y los privilegios de los grupos que controlan la extracción de rentas, que se encuentre subordinado a sus intereses de manera directa.

La captura de las instituciones y políticas públicas, y de los aparatos que detentan el monopolio legal del uso de la fuerza, por parte de estos grupos de poder, genera una situación en que estas instituciones y aparatos pierden su carácter público y se convierten en instrumentos selectivos de estos grupos para sesgar el funcionamiento de la economía en su favor, y extraer riqueza del resto de la sociedad.

Estos aparatos enfrentan una doble inducción: sus integrantes son castigados si se niegan a obedecer, y premiados si lo hacen.

Ello implica retrotraerse a una situación en que las instituciones y los aparatos coercitivos del Estado utilizan su poder y recursos de manera abusiva, limitando la libertad y los derechos de quienes ejercen resistencia de algún tipo, y favoreciendo la ampliación del poder y recursos de los grupos que se han arrogado su control.

Esto requiere además el desmantelamiento de los mecanismos que aseguran la transparencia y la rendición de cuentas y que hacen posible el control ciudadano sobre las instituciones que administran el poder.

Un proceso de transformación estructural con visión de largo plazo que conlleve el desarrollo de una plataforma de recursos humanos con las competencias y capacidades requeridas y de la capacidad tecnológica del país, el cual se refleje en la implantación de nuevas actividades dinámicas de creciente complejidad, elevada densidad de encadenamientos y alto dinamismo de la demanda, tampoco es compatible con este modelo, centrado en la máxima extracción de rentas a corto plazo.

La promoción del desarrollo implica un considerable esfuerzo, sostenido a lo largo de décadas, de inversión en capital humano y infraestructura básica, de desarrollo de capacidades tecnológicas, de promoción de una estructura productiva y exportadora más diversificada e integrada, que genere predominantemente empleos de creciente productividad y remuneración, y una preocupación permanente por asegurar el uso más racional y sostenible de los recursos.

Por el contrario, la explotación minera de los recursos naturales y humanos del país no requiere de este gran esfuerzo, y ofrece altas rentas a corto plazo para quienes los controlan.

Artículo de Adolfo Acevedo Vogl, publicado el 22 de Octubre del 2015

Imagen de portada tomada del blog de Ronald Hill: Ganaderos gordos, campesinos flacos y bosques ralos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s