Futuro Alternativo #1

La revolución ha concluido, dando paso a un cómodo bipartidismo y una oligarquía resentida porque la han alejado de la administración del poder político. Los socios del bipartidismo dicen representar a Nicaragua y al voto popular pero jugando a crear el mayor desprecio y vergüenza ideológica, provocando con ello no el voto en contra o favor de uno u otro, sino la abstención, y con eso transformar raquíticos niveles de aprobación en importantes pero ficticios altos porcentajes de votación, ficticios porcentajes de “Poder Popular”.

La realidad de esto se prueba que en 30 años de democracia, la única consulta ciudadana que medianamente fue tomada en cuenta fue para el planteamiento de la Constitución del ’87, donde decenas de encuentros con grupos y movimientos sociales fueron llevados al texto de la entonces nueva constitución. Desde entonces, ni los acuerdos de paz de Sapoa, ni las reformas del 95, ni el Pacto 98, ni las reformas del 2004, ni la entrada al CAFTA o al ALBA, ni la decisión del aborto terapéutico, ni cambios en el sistema electoral, ni la reelección electoral, han sido consultadas JAMAS con la población por método alguno. Ni por referéndum, ni por encuesta, ni por consulta no vinculante. La única decisión que dejan a la gente es el voto electoral, pero en vista de lo anterior, es imposible que un sistema y método anti-democrático genere resultados democráticos, y cada voto que participe en ese proceso es igual de anti-democrático porque valida al bipartidismo acomodado.

La abstención no es la solución, porque cada voto menos, además de inflar el porcentaje de votos validos realizados, solo produce un voto de abstención por persona. No más. Igual si fuese un voto marcado nulo.

La única manera de derrumbar el sistema electoral que valida esta ficción es por la vía de la destrucción del átomo básico de esa ecuación: destruir la mayor cantidad de votos posibles. El sistema electoral en Nicaragua se basa en voto secreto, realizado sobre una boleta de papel, marcada por un candidato, y luego depositada en las urnas correspondientes. Ni los policías electorales, ni los fiscales de partidos políticos, ni el Ministerio de Gobernación, ni el Consejo Supremo Electoral, ni ninguno de los participantes tienen interés en que suceda esto, porque todos ellos son parte del sistema cómodo de vergüenza e ira controlada que mantiene a la gente con la moral baja o fanáticamente encendida, según la necesidad.

Los votos no podrían ser destruidos previo al día de la votación, ni posteriormente, porque siempre habrá interesados en protegerlos, y como ultima barrera de defensa, la mano agresiva de la Policía y El Ejercito.

El único momento en que alguien desinteresado en tal sistema pueda acercarse sin sospecha es durante el momento exacto que esta votando. En la Junta Receptora de Votos, detrás del pequeño cubículo que forman con cartón para que hagas el sagrado acto del voto secreto, es que se debe actuar. No hace diferencia dejar en blanco o nula la boleta. El objetivo no es esa boleta, sino las otras 300 boletas ya depositadas en la urna.

Marcada o no la boleta, esta debe ser doblada por la mitad, dejando por dentro la marca del voto realizado, para luego ser insertada en la urna. El truco esta en lograr alcanzar los otros 300 votos ya depositados. Puede ser incluyendo dentro de la boleta doblada el repuesto de tinta de un bolígrafo relleno de tinta o algún ácido que se derrame a lo interior. El votante, una ves depositado el repuesto escondido en la boleta, sale de la Junta Receptora de Votos con su cedula, y se va a su casa.

El repuesto, por seguridad, podría ser el mismo del lapicero casero que llevamos “para votar”, o bien ir escondido en alguna costura de la camisa o pantalón.

Al momento de cerrar la JRV y hacer el conteo de votos, el descubrimiento por parte de los fiscales de las boletas alteradas por el líquido derramado (manchadas, quemadas por el ácido) empezaran a sospechar de los otros fiscales presentes, haciéndolos entrar en acusaciones mutuas de fraude, para finalmente declarar nula la JRV. Falta hacer investigación sobre la mejor manera de disponer de este método o si es mejorable incluso.

De ese modo no solo se deja en blanco una boleta, se destruye todo el proceso de votación, porque este colapsa y pierde 400 votos de un solo golpe.

Este plan, de repetirse en al menos 1000 juntas, podría borrar del sistema 400,000 votos. De realizarse en 2000 juntas podría llegarse a los 800,000 votos. Si fuesen 3000 JRVs, los votos barridos del sistema sumarían 1,200,000 votos, prácticamente un tercio del padrón electoral. Con una elección en que solo entrarían dos tercios de los votos esperados, menos su correspondiente abstención del 30% (30% siendo muy conservador, el FSLN ya espera que sea de 20%, pero será mayor seguramente), quiere decir que en las urnas apenas habrá el voto del 46% total.

Aunque exista un candidato que llegue al 50% de los votos validos, este “gran ganador” apenas representaría al 23% del electoral del país. Pero aún así, con 30% de las JRV anuladas, las acusaciones mutuas de fraude pasarían por cada nivel del sistema, desde la JRV misma hasta la punta de la pirámide electoral.

Los medios de uno y otro lado llamarían a las protestas “por la democracia” o en “defensa de nuestras victorias”. El desorden social sería generalizado. Caerían cabezas y guillotinas en todos los frentes. El bipartidismo cómodo se vería cuestionado en su propia raíz pues la gente lo nombraría culpable del vacío y derrumbe del sistema electoral de falsa validación del poder del pueblo. La oligarquía desplazada haría fiesta con los muertos, pero la misma gente les pasaría la cuenta al saquear sus negocios y edificios para vaciarlos de productos y recuperar algo de lo que esa gente les ha sacado por año, sea por culpa de salarios bajos o de altos intereses y costos de sus veraniegos planes de crédito.

Algún pelele religioso haría un llamado a la calma y paz entre hermanos, pero este desmonte del sistema electoral no les afectaría directamente, más bien los fortalecería como mensajeros de la paz. Derrumbar su base monetaria-dogmática tocará hacerla en el siguiente golpe.

Esperen pronto las futuras entregas de Futuros Alternativos

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3 comentarios en “Futuro Alternativo #1”

  1. interesante tu punto de plantear que la democracia tampoco funciona como sistema electoral, tampoco les funciono a los griegos. Creo que lo que nos afecta es el sistema que hemos creado siempre la polarización de las fuerzas, y el juego sucio… Además, creo que otro punto importante a tomar en cuenta es la falta de educación y participación ciudadana que tenemos. Por otro lado, muchas veces, a la gente no le interesa las elecciones, siempre creen que hay cosas más importantes como el plato de comida de cada día, y es más fácil decir, yo no voy a votar y abstenecer…

  2. Yo me apunto a sabotear las elecciones. Y conozco gente que estaría dispuesto a hacer lo mismo. Mucha gente.

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