El cuello del gran cisne blanco que me interroga

nite

La entrada cuesta 5 dólares. La cerveza nacional vale 3. Los tragos de ron cuestan 10, y los de whisky 15, pero no son garantizados de no venir adulterados. Mirar no cuesta, pero sobra quien se te siente al lado y te meta plática. El local es óscuro, los sofas amplios y la decoración luminosa, pero muy mala iluminadora con todos esos brillos, luces de neón, lamparas de luz oscura ultravioleta, espejos, lentejuelas y trajes plateados. Los meseros visten como José Luis Perales, camisa blanca manga larga, pantalón negro, elegancia cliché; las meseras visten de rojo; y la jefa de la noche esta siempre cerca de la barra para atender a los clientes en uniforme blanco completo, pelo recogido, sin mucho maquillaje; como si fuera cajera de banco pequeño.

Pedir un trago o una cerveza no es problema, solo levantas la mano y un mesero cerca de vos toma tu orden. Pedir compañía tampoco da mucho complique, pero toma un par de pasos extras. Puede ser que no te guste la muchacha que se sento a tu lado (o no andas dinero) y cortesmente le decis que solo venis a ver. En cambio, si veniste a pagar y pagar bien, entonces tenes que llamar a la jefa de la noche.

La jefa de la noche es la encargada de administrar al recurso humano. Ya sea uno este solo o desea pedir refuerzos, ella te puede traer lo que necesites. El procedimiento es llamar al mesero, y este llama a la jefa. Uno voltea hacia donde esta quien quieras llamar y ella solo levanta la mano para que venga la que vos querras.

“Traigame la de botas rojas”, o “quiero a la rubia, la de la falda corta”, o quizas “quiero a la que esta bailando, por favor”.

Lo único que no te puede servir es compañia masculina. Eso no lo puede hacer la jefa, por apego a las buenas costumbres; pero eso no significa que no se pueda conseguir. Sin embargo, el costo es mayor.

Sea quien pidas de compañia, te dira “Amor, si me compras una botella de vino te dejo hacerme lo que querras alla arriba”, en el segundo piso. Es obvio que el principal negocio no son las muchachas, sino revender alcohol que ni se consumiran. Cuando llegas al cuarto y haces el prepago, entonces se puede pedir los servicios extras.

No es en vano que los meseros visten todos iguales. Aunque parece un simple uniforme de servicio, el porte queda bien presente. Podes adivinar que mesero es más panzón, cual es más enclenque, cual tiene pectorales más anchos o a cual le tallan mejor los pantalones; y aun cuando no fuese así, tu imaginación llena el resto entre el licor y la mala iluminación.

Yo no sabía que los meseros también estaban disponibles, pero no es dificil averiguarlo. Cualquier servicio de bocas o licor que se pida al cuarto no solo incluye la entrega en puerta, sino que el mismo mesero entra a servir los tragos y bocas, aun cuando estuviese en proceso una orgía enfrente de él; y ya sea malicia de la muchacha que traes de abajo, o truco arreglado, no son pocos los varones que llegan persiguiendo una forma que no encuentran en estilo y salen con algo completamente inesperado. Cuando estos vuelven ya saben a lo que van, y omiten las palabras para ir directo al sollozo continuo del chorro de la fuente.

Anuncios

3 comentarios en “El cuello del gran cisne blanco que me interroga”

  1. “no son pocos los varones que llegan persiguiendo una forma que no encuentran en estilo y salen con algo completamente inesperado”.

    Excelente paráfrasis… Me encantó la redacción,…te mantiene atenta hasta el final…
    Tuanis!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s